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Las clásicas tonadas de las velaciones vuelven a escucharse

Réquiem por el maestro Severo

Vuelven a sonar aquel viejo violín, el arpa y el rachanchan, tal vez con más sentimiento que antes, tal vez con el alma partida, pues el arpa está de duelo. Murió su más notable cultor. Falleció el maestro Severo López Vásquez. Se apagó su vida cuando estaba próximo a cumplir los 90 años. Se fue el polifacético severo.

Héctor Severo López Vásquez, el maestro de primaria y de la escuela normal de Moyobamba. Recordado por muchas generaciones como el maestro disciplinado y de las clases amenas, el de la impecable ortografía y caligrafía, el de las ocurrencias y anécdotas más mentadas.

Se fue el músico y cantor de velaciones de santos y de velorios, el de las composiciones musicales, arregladas a su estilo para cada ocasión. El hombre que con su arpa acompañaba a las sentidas melodías del violín, primero del extinto Manuelito Cabrera, después de su primo, también fallecido Oscar Linárez, y en los últimos años de Juan Cabrera, hijo de don Manuel.

Severo López fue el casi permanente juez de paz de Jepelacio. distrito moyobambino al que lo adoptó como suyo, en el que vivió en los últimos 30 años. En su sabiduría estaban las conciliaciones y reconciliaciones, por cualquier motivo, incluso las separaciones de parejas

Cuando no había cura, celebraba responsos, misas, vigilias, bautizos, y hasta hacía de padrino en ausencia del elegido. Muchos en Jepelacio y Shucshuyacu aún recuerdan las célebres e interminables oraciones que diera en la tragedia de Shucshuyacu, el 1989, cuando una avalancha mató a cerca de 200 personas. Severo Fue el encargado de cumplir con los responsos en cuerpo presente, y consolar a los deudos.

Severo fue todo un personaje dispuesto a cumplir cualquier encargo. Su chispa selvática afloraba.
Cuando fue empleado de la desaparecida compañía de aviación Faucett, ocupó varios cargos administrativos, y todos bajo concurso. Los ejecutivos de la empresa estaban contentos con su trabajo y destacaban su diligencia y eficacia, hasta que en un examen para una plaza en Pucallpa, en la entrevista personal, los jurados un tanto sorprendidos por las respuestas oportunas, le dijeron: “Bueno, todo has respondido bien, parece que todo conoces, qué es lo que no sabes”, a lo que Severo respondió sonriendo: “Señores, lo único que no sé es manejar el avión”…
Así era Severo López Vásquez… Se va de este mundo dejándonos sus anécdotas, sus enseñanzas, su ejemplo de servicio social, su música y su arpa.

En tanto, las clásicas tonadas de las velaciones vuelven a escucharse. Vuelven a nuestras mentes las melodías salidas de aquel viejo violín y del arpa de Severo. Lo escuchamos, tal vez con más sentimiento que antes, tal vez con el alma partida… el arpa está de duelo.
Fuente (Edwin Vargas Dávila)

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