Todo el país se paraliza mañana

Moyobamba. Hace mucho tiempo que la selección peruana no jugaba un partido en equipo. Con toque, con elegancia, con fuerza, inundando de amor su camiseta. El gol de Paolo Guerrero es la demostración exacta de ese juego soñado. Ganar a Chile, sacarle de la copa, meterle tres goles al ritmo de marinera, es decirle también que el suspiro limeño, la papa, el ceviche y el pisco, es peruano.

El equipo entero le metió el alma y el corazón, ante la desesperación de Arturo Vidal y Alexis Sánchez, que juntos valen más de 50 millones de euros. Y Eduardo Vargas y Gary Medel, solo atinaron a admirar la velocidad de esos negros y mulatos, la fuerza de esos indios y cholos peruanos, que dominaban la pelota con maestría.

La mano de Gareca, la tranquilidad del estratega argentino, está con tiempo para diseñar lo que hará la blanquiroja este domingo, para jugar con la misma alegría y la fuerza de 33 millones de peruanos y volver locos a los de la torcida y también a Gabriel Jesús, Daniel Alves, Casimiro y William y alzar la copa otra vez, como en 1975 y disfrutar de la locura del fútbol, de esa rara pasión que nos devuelve la esperanza, para seguir luchando por un país más justo, más solidario, más humano, que nos vuelva a abrazar como hermanos…(escrito por Luis Alberto Vasquez)

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